La metacognición es una concepción polifacética, generada durante
investigaciones educativas, principalmente llevadas a cabo durante experiencias
de clase (Mintzes, J. J.; J. H. Wandersee & J. D. Novak, 1998). Entre los
variados aspectos de la metacognición, podemos destacar los siguientes:
La metacognición se refiere al conocimiento, concientización,
control y naturaleza de los procesos de aprendizaje.
El aprendizaje metacognitivo puede ser desarrollado mediante
experiencias de aprendizaje adecuadas.
Cada persona tiene de alguna manera, puntos de vista
metacognitivos, algunas veces en forma inconciente.
De acuerdo a los métodos utilizados por los profesores durante la
enseñanza, pueden alentarse o desalentarse las tendencias metacognitivas de los
alumnos.
Desde otra perspectiva, se sostiene que el estudio de la
metacognición se inicia con J. H. Flavell (1978), un especialista en psicología
cognitiva, y que la explica diciendo que: “La metacognición hace referencia al
conocimiento de los propios procesos cognitivos, de los resultados de estos
procesos y de cualquier aspecto que se relacione con ellos; es decir el
aprendizaje de las propiedades relevantes que se relacionen con la información
y los datos. Por ejemplo, yo estoy implicado en la metacognición si advierto
que me resulta más fácil aprender A que B”
Según Burón (1996), la metacognición se destaca por cuatro
características:
1. Llegar a conocer los objetivos que se quieren alcanzar con el
esfuerzo mental
2. Posibilidad de la elección de las estrategias para conseguir
los objetivos planteados
3. Autoobservación del propio proceso de elaboración de conocimientos,
para comprobar si las estrategias elegidas son las adecuadas.
4. Evaluación de los resultados para saber hasta qué punto se han
logrado los objetivos.
En la literatura se suele resumir esta secuencia diciendo que la
metacognición requiere saber qué (objetivos) se quiere conseguir
y saber cómo se lo consigue. (autorregulación o estrategia)
De esta forma diremos que un estudiante es cognitivamente maduro
cuando sabe qué es comprender y cómo debe trabajar mentalmente para comprender.
Además, el desarrollo de la metacomprensión, nos hace tomar conciencia por
ejemplo, de que un párrafo es difícil de comprender y por eso controlamos la
velocidad de lectura para de esta manera poder deducir el verdadero significado
del escrito, con lo que el conocimiento de nuestra propia comprensión nos lleva
a regular (autorregulación) la actividad mental implicada en la
comprensión, y es este aspecto el que ha tomado mayor importancia en las
investigaciones más recientes.
Vemos entonces que el entendimiento de la metacognición permitiría
responder a preguntas tales como ¿qué hace mal o qué deja de hacer el
estudiante poco eficaz para que su aprendizaje sea pobre?, ¿qué hace
mentalmente el estudiante eficaz, para obtener un rendimiento positivo? la
respuesta a este tipo de preguntas llevan a desarrollar los modelos de
enseñanza y de aprendizaje que hoy se conocen como “estrategias de
aprendizaje”, ya que los resultados obtenidos permiten obtener conocimientos
sobre las técnicas más apropiadas que se deben enseñar a los estudiantes poco
eficaces para que así puedan autorregular con eficacia sus propios procesos de
aprendizaje. De esta manera, los docentes pueden también acceder a los
conocimientos necesarios para combatir el bajo rendimiento escolar y potenciar
a los alumnos con métodos eficaces para aprender.
Es oportuno aclarar en este punto, que no es necesario que los
alumnos entiendan a fondo la metacognición ni la investigación científica que
la respalda, simplemente les alcanzará con que se les enseñe a aprender según
lo indican los principios derivados de la investigación metacognitiva,
desarrollándose entonces en ellos las habilidades y procesos importantes para
la metacognición. Esto se produce de la misma forma que una persona puede
aprender a hablar bien sin conocer las reglas gramaticales, pero no puede
hablar bien si no aplica esas reglas.
Es una realidad de nuestras instituciones el haber puesto el
acento en los contenidos, más que en el modo de conseguirlos, en los resultados
más que en los procesos; la investigación metacognitiva propone un cambio
fundamental en esta tendencia, atendiendo también los procesos de aprendizaje y
no solo sus resultados. En otras palabras, les exigimos a los alumnos que
atiendan, memoricen, que hagan esquemas o resúmenes, etc.; pero no se les
enseña en forma metódica, sistemática y persistente qué deben hacer y cómo
deben hacer lo que de él esperamos. Por este motivo la metacognición se propone
investigar cómo trabaja el alumno cuando lee, atiende, memoriza, escribe, etc.,
con el fin de descubrir las estrategias de aprendizaje, para ayudar a los
alumnos a aprender a aprender, capacitándolos para generar nuevos recursos
cuando los que ellos poseen no son de gran utilidad, de esta forma aprenden
estrategias para desarrollar estrategias. Esto hace cambiar incluso el concepto
tradicional sobre los tests de inteligencia, que medían cuánto sabemos hacer,
reemplazándolos por otros que midan como actuamos cuando no sabemos
que hacer.
Otro aspecto muy importante sobre la metacognición, es que, si
consideramos que se refiere al conocimiento de nuestra propia mente, y que ésta
dirige en gran parte las distintas formas de proceder, veremos que la
metacognición es crucial para entender el autoconcepto o la autoestima, con lo
que derivamos la importancia de la metacognición en lo referente a la
motivación, que dirige no solo nuestros procederes sino también nuestras
actitudes, esperanzas o niveles de aspiración en la vida. Las investigaciones
han demostrado la influencia que tiene la autoestima positiva en los buenos
resultados académicos, pero casi no se ha estudiado la relación entre
motivación y metacognición.
LA METACOGNICIÓN Y LAS ESTRATEGIAS DE APRENDIZAJE
En los últimos años y a la luz de los resultados arrojados por las
investigaciones sobre la metacognición, se han desarrollado y diseñado métodos,
programas, técnicas y estrategias sobre los aspectos fundamentales implicados
en el aprendizaje, todos los cuales apuntan a lograr una mejora sustancial de
los modelos de instrucción y de estudio.
A modo de ejemplo, su pueden enumerar los métodos más importantes:
identificación de las ideas principales, subrayado, resumen, redacción escrita,
comprensión, atención, memoria, apuntes, razonamientos, solución de problemas,
enseñar a pensar, arte de preguntar, representaciones, etc.. Esta separación de
operaciones mentales se hace por necesidades propias de claridad de la
exposición y necesidades de la investigación, pero es algo artificial, ya que
la mente trabaja globalmente, sin desvincular unas acciones de otras. Por
ejemplo, es difícil separar el pensar del razonar y de la resolución de
problemas, por lo que, por ejemplo, algunos programas diseñados para enseñar a
aprender, pueden incluir ejercicios para desarrollar la memoria, la
comprensión, u otros aspectos mentales.
Habiendo tratado la metacognición, debemos preguntarnos qué es una
estrategia. Nos encontraremos con numerosas definiciones, y no todas
coincidentes. En forma general, podemos aceptar que estrategia es, en el campo
de la literatura metacognitiva, lo que se refiere a las formas de trabajar
mentalmente para mejorar el rendimiento del aprendizaje; o en otras palabras,
la podríamos definir como el “conjunto de procesos cognitivos encuadrados
conjuntamente en un plan de acción, empleados por un sujeto, para abordar con
éxito una tarea de aprendizaje”, obviamente tanto la metacognición como las
estrategias son en cierto modo indisociables, pero no obstante se refieren a
dos conceptos diferentes. Con el objeto de clarificar en la medida de lo posible
estas diferencias, resulta útil presentar una clasificación de las estrategias
de aprendizaje, como la siguiente:
1. Atencionales
2. De Codificación
a)
Repetición
b)
Elaboración
c)
Organización
d)
Recuperación
3. Metacognitivas
a)
Conocimiento del conocimiento
b)
Control ejecutivo
4. Afectivas
Al centrar los esfuerzos en identificar formas eficaces de
aprender, la investigación sobre metacognición ha puesto de relieve la función
autorreguladora de la misma, ya que las estrategias no son sino diferentes
formas de ejercer la autorregulación del aprendizaje.
Los responsables de las funciones que integran el comportamiento
inteligente se pueden separar en cuatro grupos, a saber: a) decidir cuál es la
naturaleza del problema que hay que solucionar, b) formar una representación
mental que guíe la ejecución de las estrategias, c) localizar la atención y
otras operaciones mentales, d) observar los procesos de la solución. Estos
componentes del modelo de inteligencia coinciden esencialmente con la
definición de metacognición y sus funciones, por lo que podríamos afirmar que
el desarrollo inteligente puede concebirse como el desarrollo de estrategias,
de la metacognición y de la autodeterminación (entendiendo a la
autodeterminación como la capacidad de aprender a desarrollarse a través del
propio esfuerzo, en contraposición a la dependencia de guías externas, como
padres o profesores). En otros términos, cuando hablamos de autorregulación, se
hace referencia a la capacidad de aprender por uno mismo, a la autonomía y a la
madurez mental que se logra con la enseñanza de estrategias.
De todo lo dicho, podemos concluir que es imperiosa la necesidad
de enseñar estrategias metacognitivas para lograr cambios en el modelo de
instrucción y en el modelo de aprender. Ese cambio empieza por la toma de
conciencia de la necesidad de cambiar.
El cambio que sugiere a investigación metacognitiva empieza
entonces por capacitar a los profesores para 1) tener una idea clara y
concreta de lo que quieren que logre un alumno cuando le piden que haga
una tarea determinada, 2) saber cómo debe trabajar el alumno para
conseguir ese objetivo, 3) enseñarle a hacerlo y 4) tener
recursos para comprobar que el alumno sabe hacer lo que le han solicitado.
Ante este panorama, parece imperativo implantar la enseñanza
explícita de estrategias de aprendizaje, ya que resultaría poco razonable
seguir pensando que el alumno que quiera aprender a estudiar pueda conseguirlo
por sí mismo, dado que los datos han revelado que: (a) son muchos los que no lo
consiguen (b) también los que lo consiguen pueden mejorar sus rendimientos (c)
Si bien unos pocos pueden lograrlo muy bien, incluso para ellos se puede
esperar un aumento en el nivel de eficiencia.
También podríamos decir que tener buenas estrategias de trabajo no
garantiza sin más un buen resultado, ya que un alumno puede saber estudiar y no
querer hacerlo, pero esto no es lo que ocurre comúnmente y los resultados
demuestran que el desarrollo metacognitivo es motivante por naturaleza.
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