USAMOS APENAS EL 10% DEL CEREBRO
Esta falsa creencia tiene más de un siglo de antigüedad y tenemos
que tener en cuenta que el encéfalo, a pesar de representar el 2% de
nuestro peso corporal, usa el 20% de nuestra energía. La frase del 10% del
cerebro se le acuñó a Einstein y es, posiblemente, por la fama del científico,
por lo que este neuromito se popularizó rápidamente entre la población.
Claro está, que la evolución no hubiese permitido que el 90% de
nuestro cerebro hubiese quedado inutilizado. Además, gracias a las distintas
técnicas de visualización cerebral vemos que se activa el 100% nuestro cerebro.
Aunque, la activación en las distintas regiones cerebrales no es la misma para
todas las tareas.
LOS PRIMEROS
CINCO AÑOS DE VIDA SON LOS ÚNICOS DETERMINANTES
Si bien los primeros años de vida son fundamentales para el
desarrollo de las habilidades cognitivas y motoras, esto no significa que
a medida que se crece no existan otros momentos claves para el aprendizaje. La
neuroplasticidad de nuestro cerebro nos da la capacidad de aprender en
cualquier etapa de la vida.
EL HEMISFERIO
IZQUIERDO Y EL DERECHO, UN HEMISFERIO CREATIVO Y EL OTRO LÓGICO
La verdad es que podemos diferenciar perfectamente entre un
hemisferio y otro separados ambos por el cuerpo calloso. Si el izquierdo es
mucho mucho más lógico y lo atribuimos al lenguaje, a las matemáticas, el
derecho es holístico, más global. El izquierdo requiere de una atención
focalizada para sus tareas, mientras que el derecho requiere de una atención
bastante más dispersa. Sin embargo, nuestro cerebro es único. De nuevo, la
neurociencia nos ha demostrado que ambos hemisferios están conectados
por cientos de miles de axones (que son las prolongaciones que
comunican las neuronas entre sí), por lo que trabajan en conjunto de una
manera única e integradoraExisten estilos de aprendizajes
Este es uno de los neuromitos más populares dentro del
profesorado. Aquí el mito se forja a partir de una teoría, acuñada por el bioquímico
Frederic Vester en 1975, que sostenía que cada alumno tiene una predisposición
biológica —un mayor desarrollo en una zona cerebral— a aprender mejor a través
de un sistema sensorial específico: la vista, el oído o el movimiento.
Ello provocó, como sucede en el mito anterior, que se adopten
estilos de aprendizaje específicos para los alumnos “visuales”, “auditivos” y
“táctiles” (o “kinestésicos”).
Para muchos expertos .a percepción del mundo por parte de nuestro
cerebro es “polisensorial” y la aplicación de estos métodos
selectivos “podría producir un trastorno” en el desarrollo cognitivo de los
niños.Si te interesa conocer más acerca de esto, te recomendamos revisar
el Diplomado de Neurociencia
Educativa, el cual desarrollará una formación docente en un marco
psicológico y psicopedagógico mediante diversos modelos educativos, teniendo
como objeto el aprendizaje de sus educandos. Proporcionará también un conocimiento
sólido sobre el cerebro, su plasticidad, las variables que dificultan o
facilitan el aprendizaje y su aplicación al entorno educativo.
LOS PRIMEROS
CINCO AÑOS DE VIDA SON LOS ÚNICOS DETERMINANTES
Si bien los primeros años de vida son fundamentales para el
desarrollo de las habilidades cognitivas y motoras, esto no significa que
a medida que se crece no existan otros momentos claves para el aprendizaje. Así
lo confirma Michelle Olguí, psicopedagoga y jefa de Proyecto de Educación 2020,
quien precisa que “existen los periodos críticos —como los primeros 5 años
o alrededor de los 25— donde hay un aumento de neuronas, por lo tanto el
humano tiene más posibilidades de hacer más ‘rutas’ de neuronas, que son las
que originan el aprendizaje”. En la misma línea, Carlos Rozas añade que
“por ejemplo, la adolescencia es una etapa muy importante en el aprendizaje,
sobre todo en lo referente a la construcción de la identidad. Fomentar la
seguridad y la autonomía a través de estrategias pedagógicas es clave en este
etapa”, dice. Sin embargo, no sólo en los periodos críticos existe la
capacidad de aprender. “Nuestro desarrollo cerebral no se termina cuando acaba
la enseñanza formal, sigue mucho más adelante. Hemos sido privilegiados
por la naturaleza de tener un cerebro capaz de aprender a cualquier edad (…).
Incluso, los adultos mayores no tienen impedimentos en aprender nuevas cosas”,
dice Rozas. ¿La verdad, por tanto? La neuroplasticidad de nuestro cerebro nos
da la capacidad de aprender en cualquier etapa de la vida.
EXISTEN
ESTILOS DE APRENDIZAJES
Este es uno de los neuromitos más populares dentro del
profesorado, que incluso se encuentra en decretos del Ministerio de Educación o
en pruebas que determinan la preferencia sensorial. De hecho, Rozas cuenta que,
recientemente, se realizó un estudio en Inglaterra que reveló que cerca del 80%
de los profesores y profesoras cree en que sí existen estilos de aprendizajes.
“En el país debemos andar cerca de ese porcentaje”, afirma. El experto
asegura que, en efecto, cada persona tiene preferencias personales respecto a
cómo interactúa con su entorno, por lo que se cree que existen personas más
visuales, kinestésicas o auditivas. Pero, ¿esto tiene influencia en el
aprendizaje? Su respuesta es categórica: “No. Hay un sinnúmero de experimentos
y evidencias que demuestran que esto no es cierto. El problema es que, en base
a este neuromito, muchos docentes ocupan tiempo valioso de sus horas para
planificar pensando en enseñar según las habilidades individuales de sus
estudiantes, cuando lo cierto es que deben enseñar utilizando diversas
estrategias con todos los estudiantes, porque todos aprendemos a través de
los distintos sentidos”, señala Rozas.
LAS
HABILIDADES ESTÁN RADICADAS EN UNO DE LOS DOS HEMISFERIOS DEL CEREBRO
Otro de los neuromitos más populares es el que estipula que las
habilidades analíticas radican en el hemisferio izquierdo, mientras que las del
pensamiento creativo y las emociones se encuentran asociadas al derecho. “Con
el tiempo se ha demostrado que no existe la activación preferencial de una zona
u otra del cerebro. Todo el cerebro siempre está activo. Es cierto que
existen zonas especializadas para el procesamiento fino o zonas que si son
afectadas disminuyen notablemente las capacidades de lenguaje de una persona,
pero esto no quiere decir que las capacidades estén focalizadas directamente en
ese lugar”, asegura Rozas. El académico precisa que la tecnología actual
ha revelado que “cuando una persona habla o mira un objeto, todo el cerebro se
activa, no sólo el derecho o el izquierdo. Sin embargo, aún se dictan cursos
para estimular un área del cerebro, lo que es lucro basado en pseudociencia”.
Tokuhama confirma esto: “la idea de que una parte del cerebro es
responsable de una destreza específica ha sido reemplazada por el concepto de
redes o circuitos neuronales, que conectan varias partes del cerebro para
funcionar”.
EL CEREBRO ES
DISTINTO DEPENDIENDO DEL GÉNERO
Según Tokuhama, este es uno de los mitos que más daño ha hecho en
las salas de clases de Latinoamérica, sobre todo porque impacta en el
desarrollo de las niñas y niños. Según explica, si bien los cerebros tienen
diferencias, “esto no se traduce en una potencialidad intelectual distinta
entre géneros (…). La menor presencia de mujeres en carreras científicas tiene
más que ver con la percepción de la sociedad que con el potencial cerebral”,
asegura la investigadora. De hecho, es enfática en precisar que “no existe
superioridad de géneros, nacionalidades u otros para las destrezas que pueden
tener los estudiantes (…). Sin embargo, las expectativas, así como los
prejuicios que los profesores y profesoras tienen respecto a sus estudiantes,
sí influyen en su aprendizaje y rendimiento escolar”. Michelle Olguí
coincide con lo anterior y asegura que “si bien existen diferencias
neuroquímicas entre los cerebros masculino y femenino, estas no son
intelectuales. Tanto niños y niñas tienen la misma capacidad para aprender. Es
por esto que se vuelve fundamental que los docentes y profesionales de la
educación abandonemos los prejuicios y potenciemos a nuestros estudiantes por
igual”.
EL APRENDIZAJE
ES UN PROCESO RACIONAL, LEJANO A LAS EMOCIONES
Si bien dentro de la neurociencia este no es uno de los mitos más
extendidos, lo cierto es que los profesionales coinciden en que la
emocionalidad aún no ocupa el lugar que debe en el proceso educativo, a pesar
de ser un factor determinante. En este punto, Tokuhama explica que toda la
información que llega a través de los sentidos pasa por la amígdala —conocida
como el centro de las emociones— por lo cual es imposible escindir el
aprendizaje del aspecto emocional. Olguí añade que “existe la creencia de
que somos seres capaces de separar lo racional de lo emocional, como si fueran
cajas separadas que podemos abrir y cerrar independientemente. Pero la evidencia
muestra que aquellas innovaciones educativas que ponen al centro el vínculo, el
aprendizaje colaborativo, la empatía y la curiosidad son aquellas que impactan
con mayor fuerza el aprendizaje de niños, niñas y adolescentes. La emoción nos
mueve a buscar soluciones, nos permite determinar y tomar decisiones. Sin
emoción, no hay capacidad de aprender, no hay curiosidad, no hay atención, no
hay aprendizaje, no hay memoria”. Al respecto, Rozas concluye que “el
aprendizaje es un proceso íntimo, que pasa en ese espacio mágico entre el
profesor y el estudiante. Aunque suene extraño, el aprendizaje no está en
el cerebro, está en aquella relación”.
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