La plasticidad de las estructuradas
nerviosas es un hecho evidente y es la base teórica que respalda de la
intervención con programas de atención en neurohabilitación y rehabilitación. A
partir de distintas investigaciones, se ha llegado a la conclusión de que los
juegos aplicados utilizando estrategias provenientes de terapias de
comportamiento en las que se tiene como guía intentar potenciar conexiones
neuronales, pueden ser un recurso benéfico para aumentar la plasticidad
cerebral y/o para mejorar algún tipo de condición neurológica. Existe evidencia
acerca de la influencia que sobre la plasticidad cerebral tiene la
estimulación, pero no se conoce exactamente qué ocurre en el cerebro humano, en
sus explicaciones se rescata la implicación de factores externos (como la
calidad de la rehabilitación y trabajo ofertados) así como factores propios de
la ecología de la persona, como su propia percepción de la enfermedad y
ambiente familiar que lo rodea, factores demográficos, etc. Resultados de
investigación reportan que entre el nacimiento hasta los 8 años
aproximadamente, el 80% del aprendizaje individual ya ha ocurrido, y dado que
en este tiempo el niño lo que ha hecho ha sido jugar entonces se debe
reflexionar sobre el aporte que tiene el juego en el desarrollo cognoscitivo
principalmente en el proceso memorístico. En este sentido, el juego es una
actividad de representación de nivel cognitivo que ayuda a desarrollar la
habilidad para conservar las representaciones del entorno aun cuando el
individuo se enfrente a estímulos que no ha reconocido. Otros estudios subrayan
la importancia de aportar experiencias novedosas que favorecen la activación
neuronal, la necesidad del reto para mantener la atención y el peso de una retroalimentación
positivo, que si además es inmediato facilita un aprendizaje eficaz. El reto,
las recompensas y el afán de superación son componentes que persigue el cerebro
pues permiten la activación neuronal, favoreciendo un contexto de aprendizaje.
Cuando algo representa un reto, despierta nuestra curiosidad y emociona, lo
cual provoca la activación de la amígdala, una parte del sistema límbico
relacionada como la mejora del rendimiento del área prefrontal;
consecuentemente mejorarán también los procesos atencionales que posibilitan el
aprendizaje. Este es el tipo de experiencia “positiva” que al cerebro le gusta
replicar constantemente en su permanente búsqueda de experiencias
satisfactorias. Solo se puede aprender lo que se ama, solo a través de la
emoción y el disfrute podemos aprender, o lo que es lo mismo, solo la emoción y
el disfrute nos permiten aprender. En cuanto al desarrollo cognitivo, se
considera que el juego sólo puede producirse en organismos que posean la
capacidad de generar un proceso metacomunicativo, el cual les permite
distinguir diferentes tipos de mensajes, que están cargados de cierta
información que ayuda a interpretar tanto el mensaje como la forma de relación
que establece con el mundo. Es decir, se trata de una comunicación en la que no
sólo se transmite información, también hay procesos de transformación, producto
de la construcción de conocimiento. La comunicación abre la posibilidad de ser
y expresarse libremente, sin restricciones ni condicionamientos, se convierte
en un potenciador del desarrollo social del individuo en su contexto. El
pensamiento ha sido descrito en la psicología como un proceso que ocurre en la
instancia interna de la mente, como un mecanismo neuronal que permite se lleve
a cabo la capacidad de planear y dirigir en forma oculta una conducta
posterior, lo que previene de errores o permitiendo postergar las acciones para
posibilitar adaptaciones mejores en duración y efectividad. También se puede
definir al pensamiento como un modo de relacionarnos con objetos y situaciones
no presentes en el momento actual y, por tanto, sin producir ningún efecto en los
objetos. En este sentido, el pensamiento se puede describir como una forma no
observable de lenguaje, un habla interiorizada que incluye cualidades presentes
durante la actividad del juego, es decir, jugar representa pensar. El juego se
puede entender como una actividad de representación de nivel cognitivo que
ayuda a desarrollar la habilidad para conservar las representaciones del
entorno aun cuando el individuo se enfrente a estímulos que no ha reconocido.
El lenguaje es descrito como un sistema de signos que utiliza el ser humano,
básicamente, para comunicarse con los demás o para reflexionar consigo mismo.
Este sistema de signos puede ser expresado por medio del sonido (signos
articulados) o por medios gráficos (escritura). Estas dos posibilidades de los
signos lingüísticos corresponden a los dos usos del lenguaje que pueden
llamarse código oral y código escrito. Estos códigos propios del lenguaje se
manifiestan dentro de la actividad del juego. Jugando también se estimula la
memoria, entendiéndose como un proceso que sirve para almacenar información
codificada, dicha información puede ser recuperada, unas veces de forma
voluntaria y consciente y otras de manera involuntaria.
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