Estudio neurobiológico de la conciencia.

 

Superadas las reticencias del pasado, desde las neurociencias se ha abordado profusamente el estudio de los correlatos neurobiológicos de la conciencia (NCC por sus siglas en ingles). Crick y Koch (1990, 2007) consideran que la mejor manera de abordar el estudio de la conciencia es encontrar sus correlatos neuronales y las funciones cerebrales que dan lugar a las experiencias conscientes. Se trata de identificar los correlatos neuronales que son causalmente responsables de la producción de la conciencia y de descubrir los principios según los cuales los fenómenos biológicos (los disparos neuronales, por ejemplo), pueden ocasionar los estados subjetivos de sensación y alerta que caracterizan a la conciencia (Koch y Crick, 2001). También se trata de discernir si la conciencia es un fenómeno global de todo el cerebro o si se localiza en ciertas regiones específicas y si se tratara del segundo caso ¿en cuáles?

En este sentido, Koch defiende que para cada experiencia consciente, un grupo único de neuronas de regiones cerebrales concretas se activan de manera específica; sin embargo, Greenfield considera que la conciencia está generada por un incremento cuantitativo en la actividad holística del cerebro (Koch y Greenfield, 2007). Ambos neurocientíficos comparten, cada uno por su lado, el interés por buscar los correlatos neuronales de la experiencia consciente que puedan servir para deducir los mecanismos causales creadores de la conciencia, el primero considerando que las diferentes experiencias conscientes están mediadas por grupos específicos de neuronas (Crick & Koch, 2003) y la segunda sosteniendo que para cada experiencia consciente, neuronas distribuidas por el cerebro se sincronizan en asambleas coordinadas, dispersándose luego (Greenfield, 2011; Greenfield y Collins, 2005).

Desde estas perspectivas se indaga acerca de cuál es el nivel apropiado para explicar la conciencia. Muchos autores se inclinan por el nivel de las neuronas y sinapsis; otros optan por niveles funcionales superiores como los mapas neuronales (Edelman, 1989, 1992, 2002, Izhikevich, Gally y Edelman, 2004) o nubes enteras de neuronas (Freeman, 1995); y otros orientan su atención por debajo del nivel de las neuronas y sinapsis hasta el nivel de los microtubulos (Hameroff, 1998a, 1998b; Hameroff y Penrose, 2014; Penrose, 1994), mientras otros prefieren una perspectiva más global (Pribram, 1976, 1991, 1999). En definitiva, todos se proponen explicar cómo los procesos cerebrales, que son procesos objetivos biológicos, químicos y eléctricos, de tercera persona, producen estados subjetivos de sensación y pensamiento, es decir, de primera persona.

Desde una perspectiva muy general, por correlato neuronal de la conciencia se entiende el conjunto de eventos que se observan en el cerebro humano cuando se presenta un estado mental consciente que puede ser observado y medido con las diferentes técnicas de imagen cerebral. En los últimos años se han presentado gran número de teorías que van desde las que proponen que la relación conciencia-cerebro es una especie de paralelismo en el que dos reinos ontológicamente distintos (el físico y el mental) se sincronizan sin afectarse, hasta los planteamientos que presentan la experiencia consciente como un fenómeno material y físico.

Eccles (1980, 1989) neurofisiólogo australiano que fue reconocido con el Premio Nobel en 1963 por sus trabajos sobre el mecanismo iónico de excitación e inhibición de las sinapsis cerebrales, fue uno de los primeros autores en intentar explicar en términos de conciencia el problema de las relaciones cerebro-mente. Desde una postura dualista interaccionista Eccles considera que la conciencia subjetiva de los fenómenos mentales es inexplicable y se opone a cualquier intento científico de reducir la conciencia a actividad neuronal. En la misma línea, desde una posición fenomenológica Chalmers (1997, 1998, 2004, 2010) también afirma la irreductibilidad de la conciencia a actividades neuronales, planteando su conocida división entre el problema fácil y el problema duro de la conciencia.

Desde los diferentes naturalismos (Cotterill, 1998; Edelman, 1992, 2002) se defiende que una explicación completa de la mente y de la conciencia debe incluir sus bases y mecanismos biológicos o somáticos. Así, desde una posición naturalista biológica Damasio (1996, 1999, 2000, 2001) ha criticado la conceptualización por separado del cerebro y la conciencia por considerarla como un lastre del cartesianismo que todavía perdura, e insiste en el carácter biológico de la mente y la conciencia.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario