Tomando en consideración que los proyectos de aprendizaje deben
ser participativos, hay estudios que evidencian la escasa participación tanto
del personal docente como de la comunidad y la secuela de sus concepciones al
respecto. Así, Matos, Pasek
y Rojas (2014) encontraron que el 52% de los padres y madres no
asiste directamente a las actividades educativas de los niños y niñas; de
estos, el 30% aduce que trabaja y carece de tiempo disponible; el 22% son
indiferentes a la participación. Del 48% que participa, 24% asiste a todas las
actividades, el otro 24% solo cuando se realizan en la escuela. En una
investigación anterior, Pasek de
Pinto, Ávila de Vanegas y Matos de Rojas (2015) hallaron que la
participación social es entendida como: integración (20%), involucramiento
(13%), colaboración (13%) y opinión (27%). De ello se infirió que solo 33% de
los actores concibe la participación como un compromiso de actuar y, además, un
73% reconoció que se abstiene de participar.
Por tal motivo, esta investigación tuvo como objetivo derivar
implicaciones educativas, epistemológicas, políticas y para el cambio de las
concepciones sobre planificación por proyectos que poseen los actores
educativos. Su importancia radica en que las creencias y concepciones de las
personas orientan sus acciones, de manera que la concepción que posean sobre la
planificación por proyectos determina su actuar educativo en correspondencia o
no con los lineamientos educativos preceptuados por el MPPE (2007)
en el Currículo Nacional Bolivariano, asumiendo o no un sentido de pertenencia,
compromiso e interés en el proceso educativo.
Metodológicamente el estudio se abordó por medio de una metódica
cualitativa centrada en la entrevista. Tomando como base el proceso de
investigación sugerido por Rodríguez et
al. (1999), el desarrollo de la investigación consistió en recabar
la información, analizarla e interpretarla y elaborar el informe.
Fundamentación teórica
La planificación estratégica
Aplicar la planificación ha contribuido a que existan variadas
definiciones. Molins (2007,
p. 20) recoge, entre otras, las siguientes: Para Ahumada, “la planificación …
es una metodología para la toma de decisiones”. Chadwick señala que “La
planificación es un proceso de reflexión y acción humana basada en la reflexión
en realidad, premeditación o reflexión para el futuro”. Por su parte, Giordani
entiende la planificación “como un proceso social que supone elementos
derivados de dos vertientes diferentes, una de tipo histórico-concreto y otra
de tipo abstracto formal”. Las definiciones recabadas por Molins (2007),
no obstante que parecen diferentes, más bien se complementan en los aspectos
metodológicos, sociales y administrativos de la planificación.
Por su parte, Corredor
(2010) expresa que “planificar, en su sentido más lato, es
aproximarse al futuro, estando en el presente, para configurar modelos o
escenarios a la medida de nuestras ideas” (p. 1). Como modo de aproximación al
futuro, Molins (2007)
diferencia tres modalidades de planificación: normativa, estratégica y
reiterativa o iterativa; Malagón (2005)
indica la planificación estratégica, situacional, clásica, de sistemas, para el
desarrollo y prospectiva; y, finalmente, Corredor
(2010), planificación administrativa, normativa y estratégica. Dado
que la planificación por proyectos, objeto de este estudio, se sustenta en la
planificación estratégica, esta se profundiza a continuación.
La planificación estratégica, según Corredor
(2010), contiene dos elementos de análisis: planificación y
estrategia. El autor señala que, si bien la planificación estratégica nace en
el campo militar, se aplica en diferentes ámbitos. En ella, la estrategia
formula principios que moverán el proceso para aventajar al ente competidor; la
táctica los desagrega en acciones concretas y con objetivos inmediatos. Se
entiende, entonces, la estrategia como un accionar; por lo que, según Morin (2000,
2007), se opone a la palabra programa, en tanto algo predeterminado e
invariable que basta aplicar. Pero la acción es una decisión, una elección y
es, también, una apuesta. Un programa funciona para el logro de los objetivos
cuando las circunstancias no cambian, pero, el mundo cambiante de hoy y las
transformaciones y reformas educativas actuales exigen estrategias, las cuales
se preparan, integran lo nuevo y enriquecen sus acciones. Sin embargo, de
acuerdo con Morin (2007),
para que una estrategia sea llevada a cabo por una organización, requiere que
esta “sea capaz de tratar a los elementos capaces de contribuir a la
elaboración y al desarrollo de la estrategia” (p. 127), y no una concebida para
obedecer a la programación. De ahí la importancia de la planificación
estratégica.
Volviendo a Corredor
(2010) encontramos que la planificación estratégica “propone,
estudia y conduce las acciones con una perspectiva de cambios sustanciales de
la situación” (p. 65). Para Armijo (2009),
la planificación estratégica:
Es una herramienta de gestión que permite apoyar la toma de
decisiones de las organizaciones en torno al quehacer actual y al camino que
deben recorrer en el futuro para adecuarse a los cambios y a las demandas que
les impone el entorno y lograr la mayor eficiencia, eficacia, calidad en los
bienes y servicios que se proveen. (p. 5)
La misma autora afirma que se caracteriza por su orientación a la
acción mediante estrategias que facilitan el logro de los objetivos
planificados. En este sentido, se constituye en “una herramienta clave para la
toma de decisiones de las instituciones públicas” (p. 6), puesto que el hecho
de partir de un diagnóstico situacional le facilita decidir las acciones
futuras con la finalidad de alcanzar la situación deseada. Pero esto implica
que, ante cambios en las condiciones o situaciones, se requiere valorar la
efectividad de las estrategias implementadas para, en caso de ser necesario,
cambiar el rumbo. Por eso, la autora mencionada asevera que “cuando hablamos de
planificación estratégica nos estamos refiriendo a las grandes decisiones, al
establecimiento de los Objetivos Estratégicos que permiten
materializar la Misión y la Visión” (Armijo, 2009,
p. 8).
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