La poda sináptica o poda neuronal es el proceso que elimina
las sinapsis excesivas que se producen en los primeros años de vida. Esto
sucede en la adolescencia, cuando se eliminan las neuronas que no son
necesarias y sus conexiones, lo que aumenta la eficiencia de las transmisiones
neuronales.
La sinapsis es
el contacto entre neuronas que transmite impulsos nerviosos. La célula emisora
segrega neurotransmisores, que se depositan en el espacio sináptico llegando a
la neurona receptora, excitando o inhibiendo su acción.
La formación de neuronas y sinapsis en el cerebro ocurre desde a
etapa embrionaria hasta los dos años de edad a un ritmo acelerado y continuo.
Llegada esa edad, el niño tiene muchas más neuronas y sinapsis de las que
necesita, por ello se desarrolla el proceso de destrucción que permite mejorar
las conexiones más fuertes, aumentando la eficiencia de la red neuronal.
Esta poda sináptica continúa hasta la adolescencia, cuando
casi la mitad de las sinapsis se eliminan, lo que se considera una
representación del aprendizaje. Pero los estudios indican que esto no sucede en
todas las zonas del cerebro.
En la corteza prefrontal, aún se crean sinapsis en la
preadolescencia, que se reducen y fortalecen la red neuronal hasta pasados los
20 años de edad. Esta zona del cerebro es la responsable de las funciones
ejecutivas, como el inicio de actividades, el establecimiento de metas de cara
al futuro y la creación de planes, así como la autorregulación de la conducta.
La mejora de las conexiones neuronales en esta etapa de la madurez
sexual se relaciona con diversos comportamientos, como la reducción de la
impulsividad propia de la preadolescencia y las reacciones automáticas
emocionales.
Durante la poda sináptica pueden presentarse algunas patologías.
Algunos individuos nacen con un gen que interviene en el mecanismo generando
una poda excesiva, provocando el adelgazamiento de la sustancia gris, lo que se
ha relacionado con casos de esquizofrenia.
Un estudio realizado por la Universidad de Harvard ha demostrado
la relación entre la poda neuronal y el sistema inmune con el Alzheimer. Estos
procesos se encuentran relacionados, pues las proteínas que eliminan los
patógenos también participan del proceso de selección de las sinapsis a
eliminar.
El proceso de poda sináptica, que no elimina las conexiones que
son necesarias y que fortalece el cerebro en una etapa clave de la vida, podría
ser la clave para desentrañar las causas de una de las enfermedades más graves
y de más difícil tratamiento.
a poda neural hace referencia al proceso por el que se eliminan
conexiones sinápticas entre neuronas. Hasta hace relativamente poco, la
literatura científica sostenía que al llegar la adolescencia la arquitectura
cerebral estaba completamente definida. Sin embargo, investigaciones recientes
en neurociencia afirman que, aunque hay muchas regiones del cerebro que se
encuentran ya formadas igual, hay otras que continúan en configuración. Ocurre
en la adolescencia y continúa hasta el inicio de la edad adulta. Y, además,
tiene importantes implicaciones en el desarrollo cerebral. ¿Cómo afecta la poda
neural en la adolescencia? Lo revisamos a continuación.
¿En qué consiste exactamente la poda neural o “poda sináptica”?
Durante los primeros años de vida, el número de conexiones neuronales es
aproximadamente el doble que en la etapa adulta. Lo que quiere decir que se
llega a alcanzar hasta 40.000 nuevas sinapsis por
segundo. En consecuencia, esto permite a bebés y niños adquirir rápidamente
nuevos aprendizajes a medida que crecen y exploran el mundo.
Durante dicho proceso y hasta los 12 -13 años aproximadamente, los
niños tienen muchas más neuronas y sinapsis de las que son funcionalmente
necesarias.
Este elevado número de sinapsis se va reduciendo con la llegada de
la adolescencia, momento a partir del cual comienza la poda sináptica, que
puede durar aproximadamente hasta los 20 años (Giedd et al., 1990).
Así pues, la poda sináptica es una especie de reajuste en
el número de neuronas de determinadas áreas y de su cableado neuronal.
En consecuencia, se van eliminando aquellas conexiones que no
se utilizan, a la vez que refuerzan las que son útiles para la supervivencia
presente y futura.
¿En qué áreas del cerebro ocurre la poda neural?
Comienza a ocurrir desde las partes posteriores del cerebro (las
más antiguas) hacia los lóbulos prefrontales (los últimos en formarse) y
temporales, donde se producirá la mayor pérdida de neuronas (poda
neuronal).
De igual manera, es importante saber que esta poda se produce en
último lugar en la parte prefrontal, ya que dicha área es la más evolucionada
del cerebro y constituye el centro de las funciones ejecutivas, que tienen un papel fundamental en el
comportamiento de adolescentes y adultos (Gogtay et al., 2004).
El autocontrol, memoria de trabajo, organización, planificación,
solución de problemas y flexibilidad de pensamiento son algunas de las
funciones ejecutivas más importantes. Y es que, son capacidades primordiales
para un adecuado aprendizaje que irán determinando el desempeño del adolescente
y su manera de comportarse.
¿Cómo afecta la poda neural en la adolescencia?
Si asumimos que en la primera parte de la adolescencia aún
continúa habiendo un “exceso de sinapsis” en dichas áreas y que, además, es el
momento a partir del que comienza la poda sináptica, tenemos una posible
explicación sobre las características de esta etapa.
Los cambios en la forma de pensar, sentir y comportarse por
los que pasa un adolescente incluye cambios en diferentes niveles.
A estos cambios cerebrales debemos sumar los cambios hormonales, mucho más conocidos. Y, junto a lo
anterior, los cambios ambientales o en el entorno al que el
adolescente ha de adaptarse.
Estructuras cerebrales implicadas en la poda neural en la
adolescencia
Por otro lado, gracias al desarrollo del lóbulo prefrontal se
mejoran las conexiones con algunas otras estructuras ya desarrolladas durante
los primeros años de vida.
Por ejemplo, la amígdala, centro emocional cerebral, que
produce que muchas de las reacciones automáticas pasen poco a poco a estar
mejor controladas, disminuyendo la impulsividad propia de tal etapa.
A medida que las distintas áreas cerebrales se van integrando
entre sí, la regulación de los impulsos y las emociones, que a principios
de la adolescencia se muestran inmaduras, cambia. En otras palabras, a finales
de esta etapa y durante la edad adulta, será mucho más eficaz.
Asimismo, existen otros cambios que se producen en el hipocampo, una estructura relacionada con el traspaso de la memoria
de corto a largo plazo.
En dicha parte se establecen conexiones cada vez más fuertes con
áreas específicas de los lóbulos prefrontales, que se encargan de establecer
metas y controlar los impulsos.
Todo ello irá permitiendo una mejora en la capacidad de integrar
las experiencias del pasado y los planes del futuro a las decisiones del
presente. Adicionalmente, permite desarrollar una mejor comprensión del retardo
de la gratificación, lo que ayudará al adolescente a ser perseverante en la
obtención de objetivos.
¿Qué pueden hacer los padres y madres en esta etapa?
A la luz de estos hallazgos, hay varios conceptos que pueden
ayudar a comprender la etapa que atraviesan los hijos, por ejemplo:
Al comenzar la adolescencia podemos observar un pequeño “retroceso
cognitivo” que resulta común. En consecuencia, este conocimiento nos
permite empatizar y acompañar en el proceso de cambios.
Los padres y madres pueden ayudar apoyando su función ejecutiva,
ahora que sabemos que la corteza prefrontal no está en su mejor momento
evolutivo. Es decir, generar un ambiente de confianza, fomentar el diálogo,
límites y normas conlleva grandes beneficios.
Es clave no confundir esa ayuda con actuar por ellos. En otras
palabras, necesitan más que nunca, autonomía e intimidad.
Por último, les ayudará saber qué cambios están
sufriendo para comprender los altibajos emocionales y a la hora de tomar
decisiones con responsabilidad. Quizás les ayude saber que sus
padres pasaron por algo parecido cuando tenían su edad.

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