Aunque el cerebro alcanza su mayor tamaño en la
adolescencia temprana, los años de la adolescencia sirven para afinar su
funcionamiento. El cerebro termina de desarrollarse y de madurar entre los 25 y
los 30 años. La parte del cerebro detrás de la frente, que se llama corteza
prefrontal, es una de las últimas partes en madurar. Esta área es responsable
de habilidades como planificar, establecer prioridades y tomar buenas
decisiones.
¿Es
inevitable la crisis de la adolescencia? ¿Por qué no afecta por igual a chicos
y chicas? ¿Qué es genético y qué es cultural y educacional en las conductas de
riesgo de algunos adolescentes?
Las neurociencias permiten hoy una respuesta
rigurosa a esas y otras cuestiones. Es un hecho que el cerebro madura
paulatinamente desde la pubertad a la juventud con un patrón preciso que
depende de las hormonas femeninas o masculinas. La onda de maduración parte de
la nuca y alcanza las áreas frontales, que controlan y aúnan lo afectivo y lo
cognitivo, hacia los 18 o 20 años.
Esta es una de las conclusiones del tercer vídeo de
la colección "Los secretos de tu cerebro" que, en una veintena de
trabajos de divulgación, pretende analizar, resumir y comunicar qué dicen las
neurociencias de vanguardia sobre el cerebro. Se trata de un proyecto de la
Universidad de Navarra, dirigido por la catedrática de Bioquímica Natalia López
Moratalla, en colaboración con Carlos Bernar, especialista en Comunicación
Audiovisual; y Enrique Sueiro, doctor en Comunicación Biomédica.
El vídeo destaca que en los adolescentes se
despierta el querer saber quién soy y cómo soy. En general, en ellas su cerebro
se hace muy sensible a los matices emocionales de aprobación, aceptación o
rechazo. El estrés se dispara ante los conflictos en las relaciones con los
demás o ante un peligro y se relaja con las conversaciones en las que comparten
su intimidad. Gracias a que los estrógenos activan la liberación de dopamina
-hormona de la felicidad- y de oxitocina -hormona de la confianza- que a su vez
alimenta ese impulso en busca de intimidad.
En los chicos la elevación de la testosterona les
hace casi literalmente querer desaparecer del mapa social. Disminuye en
ellos el interés por el trato social, excepto en lo que se refiere al deporte y
al sexo. La vasopresina (hormona de las energías masculinas) les permite gozar
con la competitividad y desear mantener su independencia. Necesitan ocupar su puesto
en la jerarquía masculina.
La onda de maduración puede seguir su dirección y
ritmo natural o cambiar al recibir el impacto de las experiencias con
diferentes personas, situaciones y conductas atípicas. Algo que en un cerebro
naturalmente vulnerable está en el origen de patologías psíquicas que aparecen
a lo largo de a vida.
Aunque no de una forma tan acusada, el cerebro
permanece expuesto a cambios toda la vida, dependiendo de las
experiencias, decisiones, convicciones y valores que vayamos asumiendo. Siempre
tenemos la posibilidad de desarrollar hábitos y también rehacer los circuitos
distorsionados a lo largo del tiempo, con nuestros actos (resumen sacado de la
web de la Universidad de Navarra).
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